Cultura, salsa y política

Cuando América volvió a ser un continente: Bad Bunny, el Super Bowl y nueve nominaciones

Lo vimos, lloramos y lo repetimos. Cinco meses después, las nueve nominaciones confirman que aquellos trece minutos fueron también una obra colectiva de música, baile, técnica y memoria.

MX Cultura, memoria y pista Firmado por Bailo Luego Existo 2026-07-17
El mensaje final del halftime de Bad Bunny en el Super Bowl LX: una foto del espectáculo liberada con dedicación CC0.
El mensaje final del halftime de Bad Bunny en el Super Bowl LX: una foto del espectáculo liberada con dedicación CC0. Amandamotz / Wikimedia Commons · CC0 1.0 (dominio público).

Hay shows que se ven una vez y hay otros que obligan a volver: para comprobar que Lady Gaga realmente convirtió “Die With a Smile” en salsa, para mirar otra vez aquella bandera azul celeste y para escuchar cómo América recuperaba todos sus países. Este fue de los segundos. A muchos nos hizo llorar. Algunos seguimos dándole replay como si trece minutos pudieran reparar algo.

El 8 de febrero de 2026, Bad Bunny entró al medio tiempo del Super Bowl LX sin pedir permiso cultural ni ofrecer una versión diluida de sí mismo. El espectáculo fue casi enteramente en español: no porque el inglés estuviera prohibido, sino porque el español no necesitaba disculpa, traducción ni “crossover” para ocupar el escenario televisivo más estadounidense. Lady Gaga cantó parte de su aparición en inglés y Benito pronunció unas pocas frases en ese idioma; el centro, sin embargo, fue inequívocamente boricua y en español.

Eso importa por el momento en que ocurrió. Estados Unidos atravesaba una oleada antiinmigrante sostenida por la campaña de deportaciones masivas del gobierno de Donald Trump, redadas en barrios latinos y un miedo que ya estaba cambiando la vida pública. Bad Bunny había dejado fuera del territorio continental estadounidense su gira 2025-2026 y explicó que una de sus preocupaciones era que ICE pudiera esperar afuera de sus conciertos. Una fiesta latina ya no era solo una fiesta si reunirse, hablar español o salir de un show podía sentirse como exponerse a un retén.

Para la semana del Super Bowl, ese miedo tenía nombres. Renée Good murió por disparos de un agente de ICE y Alex Pretti por disparos de agentes federales de inmigración en Minneapolis; ambos eran ciudadanos estadounidenses presentes alrededor de protestas u operativos migratorios. También seguían acumulándose muertes de inmigrantes bajo custodia y durante redadas. Para mediados de julio, Associated Press reportaba al menos diez muertes vinculadas a encuentros con agentes migratorios desde el inicio de la nueva campaña de deportación; entre ellas estaba la de Lorenzo Salgado Araujo, inmigrante mexicano muerto por disparos de un agente de ICE en Houston. Familias, comunidades migrantes y simpatizantes han denunciado varias de esas muertes como asesinatos; jurídicamente, no todos los casos tienen la misma mecánica, agencia responsable ni resolución. Juntos vuelven imposible tratar el halftime como entretenimiento aislado del país que lo estaba mirando.

Por eso cantar en español ante más de cien millones de personas no fue un detalle de mercado. Fue una forma de decir que la comunidad latina no iba a desaparecer de la imagen nacional aunque agentes armados estuvieran sacando gente de trabajos, calles, casas y centros de detención. Una semana antes, al recibir un Grammy, Bad Bunny había dicho “ICE out”. En el Super Bowl no repitió la consigna: hizo algo más difícil. Construyó un mundo donde la cultura que esa política intenta intimidar aparecía completa, feliz, compleja y dueña de la cámara.

Puerto Rico no fue decoración tropical. Hubo cañaverales, jíbaros, la casita, postes eléctricos, apagones, una boda real, familia, fiesta y memoria de quienes han tenido que irse. Ricky Martin cantó “Lo Que Le Pasó a Hawaii”, una canción que habla de tierra, desplazamiento y el temor de que Puerto Rico pierda control sobre su propio futuro. El colonialismo estaba ahí sin lección escolar y sin PowerPoint: estaba en la música, en la migración, en la luz que falla y en la pregunta de quién puede quedarse.

También estaba en la bandera. Bad Bunny llevó una bandera puertorriqueña con el triángulo azul celeste, color históricamente asociado con el movimiento independentista. Conviene decirlo con precisión: no dio desde el escenario una consigna electoral ni presentó una plataforma de gobierno. La independencia y la autodeterminación estaban dentro del vocabulario visual del show, como parte de una historia colonial que sigue abierta. En el escenario más vigilado de Estados Unidos, esa imagen no fue neutra.

Y entonces llegó la salsa. “BAILE INoLVIDABLE” ya había demostrado que Bad Bunny podía entrar en el género con respeto, orquesta y deseo real de aprender su idioma. En el halftime, Los Sobrinos pusieron el cuerpo musical de Puerto Rico y Lady Gaga apareció en medio de la boda para cantar “Die With a Smile” convertida en salsa. Fue una versión hermosa, improbable y perfectamente lógica una vez que empezó: la canción se abrió al piano, a la percusión, al coro y al movimiento. Después Gaga bailó con Benito mientras entraba “BAILE INoLVIDABLE”. La salsa no apareció como museo ni como guiño para abuelos; apareció como una lengua viva capaz de transformar una canción global sin perder clave.

Para quienes amamos bailar, ese momento dolió bonito. No era solo ver a una estrella estadounidense “probando” música latina. Era ver a Lady Gaga entrar en una arquitectura puertorriqueña, dejar que la salsa cambiara su canción y tratarla con la seriedad de un arreglo, no con el disfraz de una noche temática. Mucha gente volvió al video solo por ese tramo. Nosotros también. Repetirlo no fue falta de novedades; fue una manera de quedarnos un poco más dentro de la escena.

El cierre hizo todavía más grande la idea. Bad Bunny dijo “God bless America”, nombró países y territorios del continente y colocó a Estados Unidos y Canadá dentro de una lista más amplia, no por encima de ella. El balón llevaba el mensaje “Together, We Are America”. América volvía a significar el continente: Caribe, Norte, Centro y Sur, con fronteras políticas pero una historia entrelazada. Para quienes crecimos corrigiendo en silencio el uso de “América” como sinónimo exclusivo de Estados Unidos, escucharlo ahí fue una pequeña restitución.

Lloramos por muchas razones. Porque reconocimos acentos, banderas, abuelas, gente que se fue y gente que insiste en quedarse. Porque la alegría llegaba en medio del miedo. Porque una boda, una casita y una salsa podían cargar política sin dejar de ser belleza. Porque ver a Puerto Rico en el centro, sin subtítulos emocionales, hizo visible algo que demasiadas veces se obliga a vivir en los márgenes. Y lo vimos otra vez. Y otra. Y otra.

Cinco meses después, la Television Academy le dio al programa nueve nominaciones a los Emmy 2026, un récord para un espectáculo de medio tiempo. Las categorías cuentan la historia del trabajo colectivo: diseño de producción, coreografía, dirección, peinado, iluminación, dirección musical, especial de variedades en vivo, mezcla de sonido y dirección técnica/cámaras. No son nueve premios ganados, y tampoco son nueve nominaciones personales de Bad Bunny. Son nueve nominaciones para la producción; Benito aparece como productor e intérprete en la categoría de especial en vivo.

Ese reconocimiento importa porque desmonta otra forma de desprecio: la idea de que el impacto cultural fue puro símbolo o entusiasmo latino. La Television Academy está reconociendo oficio. Cada cambio de cámara, cada cuerpo en la coreografía, cada foco, cada instrumento, cada pedazo de escenografía y cada segundo de sonido tuvo que funcionar en vivo. La política no sustituyó la excelencia técnica; la excelencia hizo posible que el mensaje llegara con tanta fuerza.

El show no resolvió el estatus colonial de Puerto Rico, no detuvo las redadas y no devolvió a las personas muertas. Ninguna canción puede hacer eso. Pero durante trece minutos cambió quién podía ocupar el centro y qué podía significar América. Nos recordó que bailar también puede ser memoria, resistencia, duelo y pertenencia. Tal vez por eso seguimos volviendo: no para comprobar si fue tan bueno como recordamos, sino para sentir otra vez que, por un momento, el continente entero cabía en la pista.

Firmado: Bailo Luego Existo.

Fuentes y boletos

Associated Press · América, Puerto Rico e independencia source_provenance.guide.label source_provenance.guide.detail Television Academy · nueve nominaciones oficiales source_provenance.guide.label source_provenance.guide.detail Associated Press · muertes y operativos migratorios source_provenance.guide.label source_provenance.guide.detail

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